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  • Publicado por: lena campos
  • 06 / 19 / 2012


Las opciones de nuevas fuentes de empleo para la población, especialmente para la juventud, impactan en sus prácticas cotidianas, creando nuevos referentes y aspiraciones

Necesitaba que el día tuviera más de 24 horas para desandar las calles del Vedado, Centro Habana y Playa, en busca de sus clientes habituales y otros nuevos que pudieran surgir. El tiempo nunca alcanzaba. Sobre todo, cuando tenía que «burlar» la vigilancia de las autoridades, porque su trabajo como vendedor de discos de música y películas era ilegal.

Este joven de 22 años, con pantalones anchos y camiseta, técnico de nivel medio en Electrónica, optó por este camino desde que se graduó. No se sentía motivado a trabajar en el sector estatal. Pero las situaciones que enfrentó como «llevadiscos» no resultaron tan sencillas como lo esperaba. No siempre lograba los ingresos requeridos, y en no pocas ocasiones los sustos le cortaron la respiración.

Para sortear esas incertidumbres se levantaba a las cinco de la mañana y amasaba pizzas en una cafetería cercana a su hogar, trabajo por el que recibía una remuneración fija, aunque la zozobra de su estatus «por la izquierda» lo obligaba a escapar, a menudo, de los inspectores y perder sus ganancias y seguridad económica… Así transcurrieron dos años.

«Por suerte el país está cambiando», dice ahora con alivio. Aunque todavía no he podido realizar mi sueño de tener un negocio propio, porque para eso tengo que ahorrar dinero, ya me siento seguro. Ahora trabajo en lo que estudié, como obrero contratado en un trabajo por cuenta propia de reparación de artículos electrónicos; mi ingreso me satisface, y lo más importante es que estoy dentro de la ley», aseguró.

Como el joven del testimonio anterior, muchos otros protagonizan historias similares, en las que la ampliación del trabajo no estatal marcó un «antes y un después» en sus vidas. Se desterraron prejuicios, se abrieron nuevas posibilidades y dejaron de ser angustiantes los caminos de labores independientes.

En contextos complejos como los actuales estas experiencias evidencian un nuevo escenario, derivado de los cambios que vive la nación al calor del proceso de actualización del modelo económico, desde la apertura a formas de gestión no estatales como el trabajo por cuenta propia y el Decreto Ley 259, referido a la tenencia de tierra en usufructo, mientras algunos sueñan con flexibilizaciones que abran otras oportunidades para las personas y la economía.

En el trabajo por cuenta propia los jóvenes ocupan un espacio que, si bien no es mayoritario, tiene un impacto considerable, ya no solo para la vida de un número significativo de ellos, sino para sus familias y el desarrollo de la sociedad.

Entre los más nuevos estas alternativas han sido acogidas con grandes satisfacciones para algunos, por otros con escepticismo y en otro tanto con la esperanza de que sea el inicio para nuevos cauces más audaces, según reveló una indagación de JR.

¿Cuánto enamoran las nuevas opciones a los jóvenes cubanos? ¿Cuáles son los aciertos y qué falta por hacer en materia de oportunidades y facilidades para satisfacer los anhelos de este sector? Con esas interrogantes nuestro diario fue al encuentro de la vida, incluyendo ese espacio más cercano a la familia que es el barrio, la comunidad.

La psicóloga Idania Rego Espinosa, investigadora del Grupo de Estudios sobre Juventud del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), considera que la relación entre las nuevas generaciones y los proyectos de desarrollo económico y social de las naciones es vital, en la medida en que se necesita la participación activa de los jóvenes en lo que se construye, día a día, para el bien colectivo. Para transformar la realidad, son las personas quienes deben conducir los procesos, a través de las estructuras y espacios sociales disponibles.

No hace falta ser rico
El sondeo realizado por un equipo de reporteros de este diario, en el que se incluyeron aproximadamente 90 jóvenes de entre 18 y 35 años de las provincias de La Habana, Villa Clara, Holguín y Santiago de Cuba, nos acercó a algunas de las satisfacciones e inconformidades que sostienen ellos con frecuencia.

Como tendencia, la mayoría considera que el trabajo por cuenta propia es una buena alternativa, en especial para aquellos que quedaron disponibles en el sector estatal, los que hacían esas labores de manera ilegal, y para quienes estaban desocupados.

Sin embargo, muchos consideran que es una medida que aún no abarca todo a lo que aspiran, y creen que debe estar más a tono con el alto grado de formación profesional del país, pues muchos señalan que están en trabajos transitorios.

Para la capitalina Yanet Gómez Acosta, de 24 años, técnico de nivel medio en Gastronomía y trabajadora por cuenta propia, las nuevas posibilidades de la actualización del modelo económico generan cambios muy positivos para los jóvenes, en la medida en que se ofrecen empleos, se puede elegir en qué trabajar de acuerdo con los gustos personales y recibiendo una mejor remuneración que en el sector estatal, donde hoy los salarios no satisfacen las expectativas y necesidades.

Coincide con ella David Echevarría, de 23 años, quien tiene a su cargo un espacio como reparador de equipos eléctricos y electrónicos. «Soy el responsable y el propietario de lo que produzco, y por eso creo que ha sido una buena oportunidad para los que trabajamos un tiempo en el sector estatal, pero teníamos otras inclinaciones, porque sobre todo ya no tenemos que arriesgarnos a tener que salir de Cuba para satisfacerlas, pues se abrió la posibilidad en nuestro propio país».

Desde la puerta del barrio se puede penetrar también a los interiores de los efectos de los primeros pasos de la actualización económica. Guillermo Flores, delegado del Poder Popular de circunscripción, en el consejo popular Centro Ciudad Norte, en la urbe holguinera, advierte como signo positivo que muchos de los que trabajan ahora por cuenta propia en su espacio más cercano no tenían antes un puesto laboral fijo o no les gustaba la labor que realizaban. Comienzan a integrarse los que antes estaban «en la cuenta de los eslabones perdidos».

El hecho de que no pocos lo asumieran como una solución temporal, mientras se mantienen estudiando en cursos para trabajadores en las sedes universitarias, es para este líder comunitario un paso de avance.

Elisa Rosa Hernández, coordinadora de los CDR en la misma zona holguinera, ve con buenos ojos la considerable presencia de los jóvenes en estas actividades, por ser esta una forma honrada de ganarse el pan.

Gisela Gutiérrez, de 27 años, quien maneja una peluquería en Marianao, en la capital, expresa que comienza a identificar su labor con un país más sólido y próspero.

Esta joven opina que la apertura del trabajo por cuenta propia debe llevar al país a una mayor oxigenación en cuanto a los servicios que ofrece, y a una mejor calidad de estos, aunque es necesario que cambien algunos mecanismos en los modelos de gestión del trabajo y la obtención de materias primas.

Léster González, quien se dedica a la venta de alimentos en Santa Clara, confiesa que hasta ahora le va bien, aunque estima que no siempre el tipo impositivo y el pago de la seguridad social son lo suficientemente estimulantes. «No me estoy haciendo rico, pero obtengo ganancias para ir viviendo.

«Creo que el tema de los impuestos se debería seguir estudiando. No siempre las ganancias son las mismas. Una posible solución podría ser pagar por sobre la base de estas y no sobre el ingreso bruto», señala.

Más allá de las cifras
Desde que en 2010 en Cuba se amplió el trabajo no estatal, primero en 178 actividades y luego ampliado el abanico a 181, suman 385 775 los trabajadores en este sector, de los cuales 73 118 son jóvenes de entre 18 y 35 años.

Las opciones de mayor demanda son la elaboración de alimentos y bebidas no alcohólicas al detalle en el domicilio, de forma ambulatoria y en punto fijo; venta y producción de artículos de uso en el hogar; servicio de manicura; compraventa de discos de música; venta de productos agrícolas de forma ambulatoria, y los oficios de artesano, carpintero y reparador de equipos eléctricos y electrónicos.

José Barreiro, vicetitular del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, manifestó a este diario que aunque los jóvenes no son los de mayor presencia en estas nuevas opciones, con solo el 19 por ciento de representación, estas alternativas pueden ser bien aprovechadas por aquellos que estaban desvinculados.

El Viceministro explicó que la mayoría de los jóvenes cubanos se mantienen en el trabajo estatal y en el sector estudiantil, y no se espera que estas cifras tengan una gran variación, de acuerdo con las posibilidades actuales del trabajo por cuenta propia.

«En la economía cubana estas alternativas no serán las de mayor peso, pero ya son una opción más en el modelo de gestión, que debe ser manejada con orden y disciplina y que, como en otras labores, requiere de habilidades y capacidades, por lo que para ello los jóvenes también han de estar preparados, y no pensar que es un terreno de victoria segura», agregó.

Hasta el pasado mes de abril —añadió Barreiro— la mayoría de los jóvenes incorporados al trabajo por cuenta propia eran varones y 43 967 estaban desvinculados del estudio y el trabajo. El mayor número de quienes se habían acogido a estas fórmulas, más de 20 000, radican en La Habana, mientras que en otras provincias como Matanzas, son más de 6 000, y en Santiago de Cuba, Holguín, Camagüey y Villa Clara, se registran cifras de más de 5 000 en cada una.

Las actividades por cuenta propia más socorridas varían en dependencia del territorio, señaló el funcionario, pero según los datos registrados la mayoría, 17 466, son trabajadores contratados.

Realidades contradictorias
Cuando la madre de Miguel le explicó las nuevas opciones de trabajo que ahora son permitidas en el país pensó que el hijo se motivaría y le daría un giro a su vida. Dejaría de trabajar por detrás del telón y se sentiría, como otros de su generación, con más seguridad y derechos como ciudadano.

Lamentablemente, no sucedió como lo deseó. Su hijo, de 29 años, graduado de Diseño, rechazó aceptar cualquier propuesta, alegando que las actuales opciones no toman en cuenta sus expectativas profesionales. «Vender comida, artesanía o artículos del hogar no es lo que yo quisiera hacer».

Precisamente, uno de los desafíos de la actualización es buscar el equilibrio entre los intereses individuales y los de la sociedad, evitando que ocurran fracturas entre ambas partes.

La indagación para buscar otras causas de porqué hay jóvenes que aún permanecen desvinculados del trabajo resulta difícil. Cuando se les advierte que es para publicar con sus nombres y apellidos, esquivan y cierran el diálogo o prefieren hacerlo de manera anónima.

Algunos argumentaron que «llevaban muchos años sin trabajar, de manera oficial, por supuesto, porque siempre han encontrado la manera de buscar más dinero que si estuvieran en un centro donde, por lo general, el salario no les satisface un grupo de sus necesidades personales y familiares».

Ese es el caso de uno de los muchachos entrevistados, quien nos dijo que tiene deseos de trabajar en su propio espacio, pero la falta de capital, y la nula posibilidad de obtener un préstamo bancario solo le dejan la opción de contratarse con otra persona.

Carmen Contreras Pérez, coordinadora de la Comisión de Prevención y Atención Social en el barrio de El Condado, en Villa Clara, explica que aunque muchos jóvenes se han incorporado al trabajo por cuenta propia persisten los que no lo hacen porque dicen no tener recursos para equipar un local, pero tampoco quieren buscar empleo en ese sector.

Añade que por su labor ha podido constatar que un número de ellos no quieren ir a laborar a la agricultura, ni a la construcción e, incluso, los hay que tampoco aceptan trabajar en la campaña contra el mosquito, a pesar de tener grado 12, un requisito indispensable.

En un recorrido por varios municipios de la capital JR constató que también aquí un grupo de jóvenes anteriormente desvinculados se incorporaron al trabajo en cafeterías, paladares y venta ambulante de productos, pero aún existen los que no se sienten totalmente cautivados por las nuevas alternativas.

María Julia Vega, secretaria del núcleo del Partido de la zona 48 del municipio de Plaza de la Revolución, y Marcelino Pimienta, delegado de la circunscripción 41 del Consejo Popular Cerro, coinciden en que el trabajo por cuenta propia ha posibilitado nuevas formas de empleo para los jóvenes en sus comunidades, aunque existen algunos cuyas aspiraciones laborales aún no hallan cabida en esta alternativa.

Salvados por la tierra
Tania Cleidys García no superó el noveno grado. Una familia renuente a aceptar a la mujer más allá del ámbito del hogar y la gran distancia que había entre su casa, en las alturas del santiaguero Puerto de Boniato, y la escuela más cercana, lo impidieron. Pese a su juventud se debía conformar entonces con las labores domésticas y el cuidado de los animales.

La puesta en vigor del Decreto Ley 259 para la entrega de tierras en usufructo abrió para Tania la oportunidad de un cambio radical en su existencia: reivindicarse con su destino y el de su país.

«Soy hija de campesinos y siempre he amado el campo; por eso solicité una caballería para la crianza de ganado menor. Así pude tener mi propia finca, independizarme económicamente y estoy muy contenta con lo que he logrado».

Tania no es la única que cambia la brújula de su vida con la mencionada disposición gubernamental. Desde el año 2008, en que le fue entregada la tierra, 166 247 personas en todo el país se han acogido a esta opción. De ellas 11 121 son jóvenes entre 18 y 25 años, que representan el siete por ciento; y 32 816 de 26 a 35 años, el 19,7 por ciento, según apuntó Pedro Olivera Gutiérrez, director del Centro Nacional de Control de la Tierra.

No son pocos los que a partir de esta opción se convirtieron en otras personas, como le sucedió a Tania, quien ha vencido montañas de obstáculos y ya supera los cinco convenios porcinos con excelentes resultados, al punto de que es hoy la mejor productora de la CCS Domingo Hernández, la mayor de la zona de Boniato.

Para ella el Decreto Ley 259 es una magnífica opción para los desvinculados. «No ambiciono ser médica ni otra cosa. Esto es lo mío. Un buen convenio de cinco meses me reporta más económicamente que cinco años de trabajo en otro sector. Aquí estoy en mi casa, puedo cuidar de mi familia y ganarme la vida honradamente».

Con Tania coincide José Manuel Ragolta, un joven contador al que la tradición familiar devolvió a la tierra y quien sostiene que en esta ha encontrado más reconocimiento que en ninguna otra parte. Está convencido de que el Decreto Ley 259 ha sido una valiosa opción para desvinculados, los que hoy se han vuelto al campo no solo como usufructuarios, sino también como obreros agrícolas y contratados de forma eventual o permanente.

Sin embargo, refiere que aún provocan insatisfacción las tantas trabas que debe vencer el usufructuario para hacer cualquier trámite, como es el caso de los créditos, que aún no logran la agilidad necesaria, los altos precios que todavía sigue teniendo una parte de los insumos y las dificultades con el riego.

Estos y otros jóvenes acogidos al Decreto gubernamental se muestran esperanzados luego de que el Consejo de Ministros anunciara mayores flexibilizaciones en la entrega de tierra, que les garanticen un futuro menos riesgoso en cuanto al usufructo y otras facilidades.

Abracadabra: participar
«En la coyuntura que hoy se vive, es necesario repensar qué sociedad es deseada y posible en las condiciones actuales, qué mecanismos hacen falta y cuáles resultan obsoletos, y educar para una participación real y efectiva que no sea fin, sino medio para alcanzar las metas», manifiesta la psicóloga Idania Rego Espinosa.

Es a través de la participación, agregó, que se crea el compromiso, y los sujetos asumen como propio el proyecto social que se construye, pues esos objetivos estratégicos no se pueden lograr sin mecanismos democratizadores y participativos.

En el caso de Cuba, enfatizó, las nuevas generaciones han tenido un protagonismo central en el proceso de construcción y renovación social desde el triunfo de la Revolución, y en cada etapa han asumido encargos sociales de acuerdo con las necesidades del país.

«Los jóvenes cubanos de hoy, distinguidos por su heterogeneidad, son resultado de un período de transición de la sociedad cubana caracterizado por importantes fracturas y contradicciones, la crisis y el reacomodo. Son ellos el grupo más vulnerable, que valora la concreción de sus proyectos y aspiraciones no solo a partir de las condiciones macro-sociales, sino también de las que se configuran a nivel local.

«Las transformaciones que se han comenzado a implementar como parte del proceso de actualización del modelo económico y social cubano, traen consigo, entre otros elementos, la multiplicación de los actores económicos e institucionales y cambios en la estructura del empleo.

«Las formas de gestión no estatal se encuentran entre las opciones de nuevas fuentes de empleo para la población, especialmente para la juventud, e impactan en sus prácticas cotidianas, creando nuevos referentes y aspiraciones y, por consiguiente, un reacomodo en las opciones de continuidad de estudio que tienen los adolescentes y jóvenes al terminar el nivel medio y medio superior, además de que contribuyen a fortalecer la identidad como trabajadores», comentó la investigadora.

«En estas condiciones, existen muchas interrogantes que se debe hacer la sociedad cubana a sí misma y a sus jóvenes generaciones. Entre estas se pueden destacar la intencionalidad de la política de lograr la inserción laboral juvenil en el sector agrícola, que se materializa en condiciones subjetivas desfavorables para la identificación con esa actividad. No todos los jóvenes pueden contar con un patrimonio inicial que ayude a los resultados productivos. Por ahora la ampliación del TCP ha ocurrido fundamentalmente en oficios y servicios, para una fuerza de trabajo que en buena medida posee altos niveles de calificación. Otro de los temas que hay que tener en cuenta son las potencialidades que tiene la familia para insertarse como importante célula productiva en el desarrollo social de los territorios, en coexistencia con las complejas dinámicas intergeneracionales que se registran en el ámbito familiar.

«Las oportunidades y retos para la participación social de los jóvenes cubanos van de la mano en el escenario actual, en permanente tensión y reconstrucción de una sociedad que sigue pensándose a sí misma, y en la que los jóvenes tienen mucho que decir y hacer, como importantes actores sociales, tanto por sus potencialidades, como por lo que representan desde el presente. Trabajar en conjunto, desde sus expectativas, necesidades y esperanzas, es la clave», concluyó la especialista.

Fuente: Juventud Rebelde

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