Inversiones hidráulicas en la cuenca del río Jatibonico del Sur repercuten en beneficio del programa arrocero. Una “muralla” en la represa. Expertos aseguran que Lebrije está en condiciones para enfrentar una temporada lluviosa. Vicente Brito, el fotógrafo de prensa más renombrado de toda la región por aquel entonces, se creyó Alejandro Magno cuando en la tarde noche del viernes 14 de junio de 2002 llegó a la redacción del periódico local con lo que él mismo definió como “una foto de película”.

">Inversiones hidráulicas en la cuenca del río Jatibonico del Sur repercuten en beneficio del programa arrocero. Una “muralla” en la represa. Expertos aseguran que Lebrije está en condiciones para enfrentar una temporada lluviosa. Vicente Brito, el fotógrafo de prensa más renombrado de toda la región por aquel entonces, se creyó Alejandro Magno cuando en la tarde noche del viernes 14 de junio de 2002 llegó a la redacción del periódico local con lo que él mismo definió como “una foto de película”.

">

Cuba Headlines en Español

Noticias de Cuba, Noticias de Última Hora en Cuba y el Mundo.



Inversiones hidráulicas en la cuenca del río Jatibonico del Sur repercuten en beneficio del programa arrocero.

Una “muralla” en la represa

Expertos aseguran que Lebrije está en condiciones para enfrentar una temporada lluviosa.

Vicente Brito, el fotógrafo de prensa más renombrado de toda la región por aquel entonces, se creyó Alejandro Magno cuando en la tarde noche del viernes 14 de junio de 2002 llegó a la redacción del periódico local con lo que él mismo definió como “una foto de película”.

La instantánea mostraba la cortina de la presa Lebrije -un bolsón artificial que retiene la corriente del río Jatibonico del Sur- con una hendidura de decenas de metros por la que ya a esa hora se escurrían, según se supo después, no menos de 20 litros de agua por segundo.

Desafortunadamente, la foto quedó a la deriva en medio de un cierre absorbido por el temporal más mediático de que se tenga noticias en estas tierras, pero las escenas que estaban por venir quedarían sembradas para siempre en el imaginario de los espirituanos, particularmente de aquellos que viven aguas debajo de la obra.

La amenaza de ruptura del dique y el posible desbordamiento de la represa, ubicada a unos 8 kilómetros al norte de Jatibonico, forzaron apenas unas horas después la evacuación de 35 000 personas de la cabecera municipal y poblados aledaños, que salieron de la zona de peligro en trenes habilitados a media noche, en guaguas, camiones, carretones, en bicicleta y a pie…

OTRA VEZ NOTICIA

Lebrije ha vuelto a ser noticia por estos días cuando fuerzas del Ministerio de la Construcción y del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH) regresaron a sus predios para saldar viejas deudas con el embalse, que en los últimos ocho años ha mantenido limitada su capacidad de almacenamiento.

Benigno Siles, director general de la Empresa de Aprovechamiento Hidráulico de Sancti Spíritus, se entusiasma con la posibilidad de invertir este año más de un millón y medio de pesos en la obra, lo que, según su parecer, “garantizaría alta seguridad a la misma y permitiría aumentar la capacidad de agua a embalsar”.

Los trabajos incluyen la construcción de cuatro pozos de alivio de 24 pulgadas de diámetro y 32 metros de profundidad cada uno (ya concluidos), que se comunican entre sí y fueron diseñados con el fin de disminuir las supresiones dentro del núcleo de la cortina.

Asimismo se emprendió lo que los expertos denominan el “empantallamiento” del área cercana al aliviadero viejo, que no es más que la impermeabilización, con losas de hormigón, del talud seco del dique con vistas a evitar infiltraciones de la lluvia o del agua evacuada.

El programa de recuperación de Lebrije también comprende, por ahora, la reparación de 5 kilómetros del camino de acceso, incluidas varias obras de fábrica, todo lo cual se traduce en mejores condiciones para el uso del embalse, en el que, según Siles, con el actual régimen de explotación no se corre ningún riesgo para enfrentar temporadas lluviosas si por fin algún día se deciden a regresar.

OCHO AÑOS ATRÁS

“Tengo el presentimiento de que en este tareco no vamos a llegar vivos a la otra orilla”, comentó la joven reportera a su compañero de oficio mientras el camión se zambullía hasta la cintura en las aguas turbias del Zurrapandilla. Ya en medio de la corriente y con el motor apagado, ella reiteró su sospecha entre la aventura y la zalamería  con una pregunta que a su vez contenía la respuesta deseada:
- ¿Ahora me lo crees, sí?

Renuente a escuchar aquella conversación, el chofer intentó “calmarlos” maldiciendo una y mil veces el día en que se le había ocurrido obtener su licencia de conducción, mientras desde afuera alguien más sensato optó por un rescate ipso facto -remolcador mediante- que pareció durar siglos para todos los involucrados.

Atravesar la crecida del río Zurrapandilla, única fórmula para llegar hasta la cortina herida, fue quizás el más difícil, pero no el único escollo que debieron superar constructores de cinco provincias y expertos de medio país para salvar en junio de 2002 la presa que por estos días está siendo nuevamente restaurada, ahora con más tiempo y menos presión.

José Antonio Rodríguez Gallo, alguien que confesó haber ganado su título de ingeniero en la cortina de Lebrije, recordaba entonces que además de la crecida de hace ocho años, la presa había tenido que soportar situaciones similares en 1969, todavía en construcción, y luego en 1988, en ocasión de otra riada similar.

INVERSIONES IMPRESCINDIBLES

“Vamos a tener que darle una zurra a esa pandilla”, comentó el Generalísimo Máximo Gómez en los días de la increíble Campaña de la Reforma y según cuentan su frase sirvió también para dar nombre al más importante afluente del Jatibonico del Sur.

El Zurrapandilla aparenta ser un arroyo manso en épocas normales, pero tan pronto llueve río arriba sus crecidas amenazan con atragantar la presa Dignorah, un embalase de 31,8 millones de metros cúbicos de capacidad que se interpone en su curso y que también está siendo reparado por estos días tras el colapso del aliviadero en el 2004.

La restauración de Lebrije y Dignorah -se espera una futura intervención en La Felicidad, que se encuentra igualmente averiada desde hace años- podría representar una inyección notoria de la cuenca del Jatibonico al programa arrocero en el Sur del Jíbaro, ahora resentido como consecuencia de la sequía que mantiene en niveles mínimos a la presa Zaza.

De momento en la cuenca se invierten más de 3 millones y medio de pesos, incluida la reparación del llamado CP-1, un canal que al decir de Manuel Díaz Riverol, subdelegado de Inversiones del INRH en Sancti Spíritus,  provee tradicionalmente de agua a 15 000 cabezas de ganado, más de 300 caballerías de arroz y otros cultivos varios.

NOSTALGIAS DE TEMPORAL

La revuelta de Lebrija, como le llamó alguien en junio de 2002, y la crecida del Zurrapandilla, que se interponía como muro de Adriano entre los hombres y la represa, colmaron noticieros, páginas enteras de periódicos y hasta engordaron más de un libro.

Algunas historias, sin embargo, todavía están por escribirse, entre ellas la del lugareño que en la estampida de la evacuación decidió proteger su caballo en la sala de la casa y al regreso no encontró mueble sano; o la de muchos perros que resistieron una semana de encierro en solitario; o la de aquellos jóvenes policías que mientras descansaban fueron sorprendidos por el sonido de una alarma equivocada que los mandó a volar sobre las cercas en calzoncillos para ponerse a buen resguardo en horas de la madrugada.

La más dramática quizás la vivió Estervina Toboso cuando un mal entendido en el campamento donde se mantenía evacuada la tuvo al borde del infarto. La mujer reposaba tranquila su desayuno hasta tanto uno de los organizadores, imitando a Rafael Serrano, anunció a voz en cuello por el altoparlante: “¡Atención, atención!, se le informa al personal que acaba de llegar la prensa”.

Trastornada por el desconcierto de los últimos días y también por la dicción del improvisado locutor, la anciana entendió que había llegado la “presa” en lugar de la “prensa” y se lanzó despavorida, a toda carrera, con gritos de: “¡Ay, Dios mío!, ahora sí que lo perdimos todo”.

Por fortuna la suposición de Estervina no fue más que eso, Jatibonico ganó en vez de perder y su gente, acostumbrada ya a vivir por más de 40 años frente a una muralla de piedra y tierra, seguramente está deseando una primavera de verdad que al menos por estos días nadie se atreve a pronosticar.

Por Juan Antonio Borrego Díaz

Fuente: Escambray

Noticias relacionadas

Comments