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 El cantante cubano Paulo FG sigue siendo noticia
La última la encontramos en el mensuario La calle del medio, en el que el salsero del barrio de Buena Vista ofreció opiniones muy reveladoras. Algunas de ellas, ya las había publicado en periódicos como Tribuna de La Habana, por la década de 1990, pero en esta ocasión Paulo ofrece datos verdaderamentes muy estremecedores: “A veces cuando llegábamos a la casa no teníamos qué comer y teníamos que inventárnosla y pedir a la vecina de los bajos que nos diera unos huevos para hacer una tortilla”.

Esas han sidos sus declaraciones, muy sinceras, como las que han ofrecido trovadores como Gerardo Alfonso y Teresita Fernández.

Para llegar, a veces hay que luchar mucho, pero se trata de una lucha que alimente el espíritu y la perseverancia. De ese modo el triunfo se disfruta más. Se aprecia el valor las cosas con mayor nitidez. En una de las visitas que realicé a su casa, en medio de interesantes controversias con algunos salseros, observaba cómo muchos niños iban a consultarle a Paulo algún asunto de su vida estudiantil y musical.

Conozco a Paulo desde que comenzó con el grupo Dan Den y soy testigo de cómo fue superándose, vocal y personalmente.

El éxito, la competencia y la lucha por el desarrollo lo fueron depurando.

Algunos amigos me han preguntado sobre algunas de las opiniones de Paulo con respecto a las incomprensiones que tuvieron los salseros del boom de los 90; también de circunstancias en pleno siglo XXI, como por ejemplo de que “hay un mecanismo que prohíbe algunas cosas, que establece ciertas restricciones para las agrupaciones de primer nivel: ¡no puedes tocar en el Habana Café, no puedes tocar en instalaciones turísticas, en el Hotel Habana Libre!…En fin....las orquestas más prestigiosas, condecorada con la Distinción Por la Cultura Nacional no pueden tocar en centros turísticos.

Sin embargo, en Las Cañitas, del Hotel Habana Libre, todas las noches, se presentan Baby Lores, Michael, El Chacal, Insurrecto, y otros. Reguetón puro, ahí en el Bar Las Cañitas. ¡Alguien se esta volviendo loco aquí!. ¿Por qué no podemos tocar en el Habana Café, por ejemplo? Esta situación lleva ya unos seis meses”.

Paulo recuerda que los salseros han estado en todos los rincones del país, en las buenas y en las malas. “Nosotros vamos a todas partes. Pero también necesitamos escenarios de calidad, para hacer una presentación o filmaciones, por ejemplo, y no los tenemos”.

Yo he publicado las opiniones de Juan Formell de los avatares de las presentaciones desde la década de 1960 en que Los Van Van y demás agrupaciones tenían que albergarse en campamentos y bañarse al aire libre y sin baños; rompiéndose los huesos montados en ómnibus destartalados. Una historia que algún día habrá que contar. Por cierto que Formell ofreció declaraciones muy parecidas a las de Paulo en una revista universitaria, al periodista Hilario Rosette, a mediados de la década de 1990.

Quizás hayamos olvidado que en los momentos más difíciles de la historia de Cuba, en el Período Especial, ese Boom de la salsa resultó ser un báculo (alivio, apoyo) a las grandes masas de humildes que recibieron altas cuotas de alegría. ¿Hay algo en la vida más importante que la alegría? Este es un dato que muchos de los detractores de la música bailable nunca entendieron.

Como ha dicho el trovador Carlos Varela y el pianista Chucho Valdés (uno de los reyes de la timba), ellos vieron el lado oscuro de la música bailable.

La alegría, la diversión, el aporte cultural, la identidad nacional, la recreación culta que ofrecieron en centros culturales, educativos, universitarios, militares, productivos, etc; eso no se tuvo en cuenta por muchos de esos detractores. Creo que este es el momento de sacar las cuentas y aprender. Paulo habla de los aportes del boom de la salsa cubana (década 1990): “Un boom valido, buenísimo, que se pudo haber aprovechado más…¿Por qué no se ha hecho más aquel programa de televisión que se llamo Mi salsa? ¿Por qué no más presencia de la música popular bailable en los Premios Lucas…en lugar de incentivar la música popular cubana, nosotros mismos la marginamos”.

Un lector me dijo: “Esto se dice y no se cree”. Desde la primera entrevista a los salseros en el mensuario La calle del medio, a José Luis Cortés, sugerí que esas publicaciones se emplearan en conversatorios, coloquios, de música cubana en la UNEAC y demás espacios de discusiones.

La calle del medio ha asumido una posición muy positiva ante la música bailable, a la inversa de lo que hicieron otros mensuarios en el final del siglo XX. Tenemos temas para dialogar, entendernos, discutir y encontrar nuevas variantes y luces el camino de la cultura cubana.

(Cubarte)

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